IMPERIO ALEMÁN - II REICH
| El II Reich Alemán |
El Segundo Imperio Alemán, también conocido como II Reich, se inició en
1871 y se prolongó hasta 1918, coincidiendo con el final de la I Guerra
Mundial.
| Escudo del Imperio |
El Imperio alemán
(en alemán: Deutsches Reich, llamado por algunos historiadores alemanes
Kaiserlich Deutsches Reich o simplemente Kaiserreich) se refiere a Alemania
desde su unificación y la proclamación de Guillermo I como emperador, el 18 de
enero de 1871, hasta 1918, cuando se convirtió en una república después de la
derrota en la Primera Guerra Mundial y la abdicación de Guillermo II (9 de
noviembre de 1918). El término de Deutsches Reich se mantuvo como nombre
oficial de Alemania durante la República de Weimar y la mayor parte del período
nazi hasta 1943, cuando fue cambiado a Großdeutsches Reich («Gran Imperio
Alemán»).
| bandera del Imperio Aleman |
Durante sus 47 años
de existencia, el Imperio alemán surgió como una de las economías industriales
más poderosas de la Tierra y una gran potencia, hasta que se derrumbó después
de su derrota militar en la Primera Guerra Mundial y la Revolución de
Noviembre. Los Estados fronterizos más importantes fueron el Imperio ruso en el
este, Francia en el oeste y el Imperio austrohúngaro en el sur.
El KÁISER
| Kaiser Guillermo II |
Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española) es
el título alemán que significa «emperador», con Kaiserin siendo el equivalente
femenino, «emperatriz». El vocablo proviene del latín caesar o césar, tomado
del título de los emperadores romanos desde César Augusto, que lo usó como
descendiente de Julio César. En alemán, la palabra káiser no está restringida a
los jefes de los imperios alemán, austríaco o del Sacro Imperio Romano Germánico,
sino que se usa en sentido genérico para todos los jefes de imperios. Por
ejemplo, un emperador de China se menciona como Chinesischer Kaiser (emperador
chino) o Kaiser von China (emperador de China) en alemán
La historia alemana del siglo XIX, hasta la formación del Estado-nación, se
ha caracterizado por múltiples cambios políticos y territoriales que se
produjeron tras el colapso del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806. El
antiguo Imperio se caracteriza cada vez más por los intereses conflictivos de
sus dos grandes potencias: Austria y la potencia ascendente Prusia. Durante las
guerras napoleónicas, el Sacro Imperio es disuelto y reemplazado por la
Confederación del Rin, tutelada por Francia.
Después de la derrota de la Francia napoleónica ante los reinos de Europa
(que eran en especial los del Reino Unido, Prusia, Rusia y Austria), los
príncipes alemanes, sin embargo, no se interesaron en un poder central que
erosionase su autonomía. En el Congreso de Viena 1815 fue creada la
Confederación Germánica, una confederación de las zonas que habían pertenecido
antes de 1806 al Sacro Imperio Romano Germánico; a partir de ella tomará cuerpo
la nación alemana. Luego del Congreso de Viena, que más adelante se describe en
la historia como el Vormärz, Alemania estuvo marcada por una política de
restauración, dominada por el canciller austríaco, el príncipe Klemens Wenzel
von Metternich. Como parte de la llamada Santa Alianza entre Austria, Prusia y
Rusia, la restauración tenía por objetivo restablecer las relaciones de poder
entre los Estados nacionales del Antiguo Régimen, es decir, las existentes
antes de la Revolución Francesa en 1789.
| Bismarck y Napoleón II, después de la batalla de Sedan |
Esta política de oponerse a la nación y a los movimientos democrático-burgueses
llevó a numerosas protestas en muchas partes de la Europa Central, que
finalmente derivaron en la Revolución de Marzo en 1848 en los estados alemanes.
Los miembros de la revolución por la recién formada Alemania crearon el primer
parlamento democrático, la Asamblea Nacional de Fráncfort. Al rey prusiano
Federico Guillermo IV se le entregó la corona imperial alemana. Éste, sin
embargo, apelando a su "derecho divino", se negó al intento fallido,
y la mayoría de los estados alemanes decidieron unirse en una base
constitucional.
El gobierno federal alemán siguió existiendo después de la supresión
violenta del movimiento revolucionario de 1848-1849 bajo la dirección del bando
austríaco. Se suprimió una década de la reacción política (Reaktionsära), en la
que las aspiraciones democráticas y liberales fueron recreadas de nuevo. Desde
el comienzo de la década de 1860, en los Estados alemanes se formaron los
primeros partidos políticos en el sentido moderno.
| Fundación del Imperio Alemán en el Palacio de Versalles |
En 1864, el gobierno federal había llegado a una alianza unificada de gran
importancia con Austria, como en la cuestión de Schleswig-Holstein de la guerra
germano-danesa, en la que Prusia y Austria, a causa de una cláusula federal,
estaban una al lado de otra. Sin embargo, este consenso entre las dos potencias
duró poco. En la disputa sobre Schleswig-Holstein en 1866 fueron los alemanes
los que iniciaron la Guerra Austro-Prusiana, en la que los austríacos lucharon
contra los ejércitos de Prusia y algunos Estados del norte de Alemania, junto a
Italia y los Estados del sur, incluyendo Baden, Baviera, Hesse y Wurtemberg.
Después de la derrota de Austria, al final de la Confederación Germánica se
creó la Confederación Alemana del Norte bajo el liderazgo de Prusia.
Accionada por una disputa entre Prusia y Francia a causa de la Sucesión
Española, en 1870 comenzó la Guerra Franco-Prusiana. La declaración de guerra
llegó desde el lado francés, después de que Bismarck, el primer ministro de
Prusia, publicase una versión editada del Telegrama de Ems, que comprometía
políticamente a Francia. Los Estados del sur de Alemania se adhirieron a
Prusia. Bismarck utilizó este acto para llevar a cabo la coronación del rey de
Prusia como emperador de Alemania y, por lo tanto, la integración de los
Estados del sur como parte de una "pequeña solución alemana" en un
reino unificado. Las tres guerras, que duraron desde 1864 hasta 1871, también
se conocieron como las guerras de la unificación alemana.
FUNDACIÓN DEL IMPERIO ALEMÁN
Bismarck preparó un amplio esquema, la Constitución alemana del norte, de
1866, que se convirtió en la Constitución alemana de 1871, con algunos ajustes.
Alemania adquirió algunos rasgos democráticos. En el nuevo Imperio había un
parlamento con dos cámaras. La Cámara baja, o Reichstag, era elegida por
sufragio universal masculino. Sin embargo, las circunscripciones originales
elaboradas en 1871 nunca se volvieron a rediseñar para reflejar el crecimiento
de las zonas urbanas. Como resultado, en el momento de la gran expansión de las
ciudades alemanas entre los años 1890 y 1900, las zonas rurales estaban
excesivamente representadas.
La legislación también requería la aprobación del Bundesrat, el Consejo
federal de diputados de los Estados del Reich. El poder ejecutivo residía en el
emperador, o Káiser (del emperador romano César). Al emperador se le dieron
amplios poderes por la Constitución. El canciller era el comandante en jefe
supremo de las fuerzas armadas y el árbitro final de las relaciones
internacionales. Oficialmente, el canciller era un gabinete de un solo hombre y
era responsable de la marcha de prácticamente todos los asuntos del Estado,
como la burocracia de altos funcionarios a cargo de las finanzas, la guerra,
las relaciones internacionales, etc.; se parecía al Presidente del Consejo de
Ministros. El Reichstag tenía el poder de aprobar, modificar o rechazar proyectos
de ley y de iniciar una legislación.
Aunque de iure todos los Estados tenían el mismo poder ejecutivo,
prácticamente el Imperio estaba dominado por el Estado más grande y poderoso,
Prusia. Se extendía por el norte y poseía las dos terceras partes de la
superficie del Reich y las tres quintas partes de su población. La corona
imperial era hereditaria de la Dinastía de los Hohenzollern, la casa reinante
de Prusia. Con la excepción de los años 1872-1873 y 1892-1894, el canciller fue
siempre al mismo tiempo el primer ministro de Prusia. Con 17 votos de los 58 en
el Bundesrat, Berlín sólo necesitaba unos cuantos votos de los Estados pequeños
para ejercer un control efectivo.
Los otros Estados conservaron sus propios gobiernos, pero se limitaron sólo
a los aspectos de la soberanía. Por ejemplo, los sellos postales emitidos por
el Imperio en su conjunto, al igual que la moneda, eran a través de una marca.
Las piezas de valor superior eran emitidas por los Estados, pero eran
prácticamente monedas conmemorativas y tenían una circulación limitada.
Mientras que los Estados tenían sus propias condecoraciones, y algunos
tenían sus propios ejércitos, las fuerzas militares de los más pequeños fueron
puestas bajo control prusiano. Los ejércitos de los Estados más grandes, como
los reinos de Baviera y Sajonia, se coordinaron con los ejércitos principales
de Prusia y en tiempo de guerra eran controlados por el gobierno federal.
La evolución del Imperio alemán va en consonancia con los desarrollos
paralelos en el reino de Italia, que se convirtió en una nación unificada diez
años antes que el Imperio alemán. Algunos elementos clave de la estructura
política autoritaria del Imperio alemán también fueron la base para la
modernización conservadora en el Japón imperial de Meiji y para la conservación
de una estructura política autoritaria bajo los zares del Imperio ruso.
PODERÍO ALEMÁN
Bajo el liderazgo de Prusia y de Bismarck, Alemania se había convertido en una
nación y una potencia mundial. En 1871, 39 Estados independientes se unieron.
Los reyes de Sajonia y Baviera, los príncipes, duques y electores de Brunswick,
Baden, Hanóver, Mecklemburgo, Wurtemberg, Oldemburgo juraron lealtad al rey de
Prusia, el Káiser. Con la unidad se produjo un periodo extraordinario de
energía y expansión económica.
En 1871, el Imperio alemán contaba con 41 millones de ciudadanos. En 1913
había casi 68 millones, un aumento de más de la mitad. Y más de la mitad de
ellos vivían en pueblos y ciudades.
Pero no se trataba sólo de una expansión de la población. Los cimientos de
la fortaleza económica en el cambio de siglo eran de acero y carbón, y Alemania
hizo grandes progresos con ambos:
-
La
producción de acero se multiplicó por doce en 30 años.
-
La
producción de carbón casi se multiplicó por cinco en 30 años.
-
Las
manufacturas se multiplicaron por cuatro.
-
Las
exportaciones se multiplicaron por tres.
-
Las
exportaciones de productos químicos se multiplicaron por tres.
-
Las
exportaciones de maquinaria se multiplicaron por cinco.
En 30 años, la participación de Alemania en el comercio mundial aumentó en
un tercio. En 1914, Alemania era la nación industrial más poderosa de Europa.
El epítome de su industria podría estar en la firma Krupp, cuya primera fábrica
fue construida en Essen. En 1902, la fábrica sola se había convertido en una
gran ciudad con sus propias calles, su propia fuerza de policía, bomberos y
leyes de tránsito. Había 150 kilómetros de ferrocarril, 60 edificios de
fábricas diferentes, 8.500 máquinas de herramientas, siete estaciones
eléctricas, 140 kilómetros de cable subterráneo y 46 kilómetros en superficie.
Bajo Bismarck, Alemania estuvo más cerca que cualquier otro Estado de las
concepciones modernas de bienestar social. Los trabajadores alemanes
disfrutaban de beneficios por enfermedad, accidentes y maternidad, comedores y
vestuarios y un plan nacional de pensiones antes de que estos se pensasen
incluso en los países más liberales. Sin embargo, la vida de los trabajadores,
como en todo el mundo de esa época, era dura. En las fábricas de acero se
operaba 12 horas diarias y 80 horas semanales. No estaban garantizados ni
descanso, ni vacaciones. En Alemania, como en todos los países industriales,
había pobreza y protestas.
OTTO VON BISMARCK
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Político prusiano, artífice de la unidad alemana (Schoenhausen, Magdeburgo,
1815 - Friedrichsruh, 1898). Procedente de una familia noble prusiana, Bismarck
vivió una juventud indisciplinada, autodidacta y llena de dudas religiosas y
políticas. A partir de su matrimonio cambió radicalmente de vida, iniciando una
carrera política marcada por el más severo conservadurismo. Efectivamente, como
diputado del Parlamento prusiano desde 1847, destacó como adversario de las
ideas liberales que por entonces avanzaban en toda Europa; la experiencia
revolucionaria de 1848-51 le radicalizó en sus posturas reaccionarias,
convirtiéndole para siempre en paradigma del autoritarismo y del militarismo
prusiano.
En los años siguientes ocupó puestos diplomáticos en Frankfurt, San
Petersburgo y París, conociendo de primera mano los asuntos internacionales. De
esa época data la maduración de su ideario político nacionalista, a medio
camino entre el constitucionalismo y las tradiciones germánicas; y su
convicción de que el proyecto de unificación que albergaba para Alemania no
debía basarse en la apelación a las masas, sino en el empleo inteligente de la
diplomacia y de la fuerza militar. Tales ideas le convirtieron en modelo del
político realista apartado de todo idealismo, sensibilidad o prejuicios
morales.
| Bismarck en la Conferencia de Berlin |
Desde que el rey Guillermo I le nombró canciller (primer ministro) en 1862,
puso en marcha su plan para imponer la hegemonía de Prusia sobre el conjunto de
Alemania, como paso previo para una eventual unificación nacional. Empezó por
reorganizar y reforzar el ejército prusiano, al que lanzaría a continuación a
tres enfrentamientos bélicos, probablemente premeditados, en todos los cuales
resultó vencedor: la Guerra de los Ducados (1864), una acción concertada con
Austria para arrebatar a Dinamarca los territorios de habla alemana de
Schleswig y Holstein; la Guerra Austro-Prusiana (1866), un artificioso
conflicto provocado a raíz de los problemas de la administración conjunta de
los ducados daneses y dirigida, en realidad, a eliminar la influencia de
Austria sobre los asuntos alemanes; y la Guerra Franco-Prusiana (1870),
provocada por un malentendido diplomático con la Francia de Napoleón III a
propósito de la sucesión al vacante Trono de España, pero encaminada de hecho a
anular a Francia en la política europea, a fin de que dejara de alentar el
particularismo de los Estados alemanes del sur.
En cada una de aquellas guerras Prusia acrecentó su poderío y extendió su
territorio: en 1867 ya fue capaz de unir a la mayor parte de los Estados
independientes que subsistían en Alemania, formando la Confederación de la
Alemania del Norte; en 1871, además de anexionarse las regiones francesas de
Alsacia y Lorena, impuso la creación de un único Imperio Alemán bajo la corona
de Guillermo I, del que sólo quedó excluida Austria
POLÍTICA DE BISMARCK
La política interior de Bismarck se apoyó en un régimen de poder
autoritario, a pesar de la apariencia constitucional y del sufragio universal
destinado a neutralizar a las clases medias (Constitución federal de 1871).
Inicialmente gobernó en coalición con los liberales, centrándose en
contrarrestar la influencia de la Iglesia católica (Kulturkampf) y en favorecer
los intereses de los grandes terratenientes mediante una política económica librecambista;
en 1879 rompió con los liberales y se alió al partido católico (Zentrum),
adoptando posturas proteccionistas que favorecieran el crecimiento industrial.
En esa segunda época centró sus esfuerzos en frenar el movimiento obrero
alemán, al que ilegalizó aprobando las Leyes Antisocialistas, al tiempo que
intentaba atraerse a los trabajadores con la legislación social más avanzada
del momento.
En política exterior, se mostró prudente para consolidar la unidad alemana
recién conquistada: por un lado, forjó un entramado de alianzas diplomáticas
(con Austria, Rusia e Italia) destinado a aislar a Francia en previsión de su
posible revancha; por otro, mantuvo a Alemania apartada de la vorágine
imperialista que por entonces arrastraba al resto de las potencias europeas.
Fue precisamente esta precaución frente a la carrera colonial la que le
enfrentó con el nuevo emperador, Guillermo II (1888), partidario de prolongar
la ascensión de Alemania con la adquisición de un imperio ultramarino, asunto
que provocó la caída de Bismarck en 1890.
La política exterior de Bismarck después de 1871 fue conservadora y trató
de mantener el equilibrio de poder en Europa. Su mayor preocupación era
Francia, que quedó derrotada y resentida después de la Guerra Franco-Prusiana.
Como los franceses no tuvieron fuerzas para derrotar a Alemania por sí mismos,
buscaron una alianza con Rusia, con la que atraparían a Alemania entre dos
frentes en caso de una guerra (cosa que finalmente ocurrió en 1914). Bismarck
quería evitarlo a toda costa y mantener relaciones de amistad con los rusos, y
formó una alianza con ellos y el Imperio austrohúngaro (que por la década de
1880 estaba siendo lentamente reducido a un satélite alemán), el Dreikaiserbund
(Liga de los Tres Emperadores). Durante este período, algunos militares
alemanes abogaban por un ataque preventivo contra Rusia, pero Bismarck sabía
que tales ideas eran temerarias. Escribió:
Las victorias más brillantes no pueden beneficiar sino a la nación de
Rusia, debido a su clima, su desierto, su frugalidad y no tener más que una
frontera que defender.
También porque dejaría a Alemania con otro vecino amargo y resentido.
| Añadir leyenda |
| Mapa colonial de África en el S. XIX
IDEOLOGÍA
Después de lograr la unificación en 1871, Bismarck dedicó gran parte de su
atención a la causa de la unidad nacional bajo la ideología del prusianismo. El
conservadurismo católico activista y emancipador, conceptualizado por el giro
conservador del Vaticano bajo el papado de Pío IX y su dogma de la
infalibilidad papal, así como el radicalismo de la clase trabajadora,
representada por el naciente Partido Socialdemócrata, reaccionaron de muchas
maneras ante la preocupación de dislocación de muy diferentes segmentos de la
sociedad alemana, generada por una rápida transición de una economía agraria a
una economía basada en el capitalismo industrial moderno bajo la tutela
nacionalista. En tanto que una oposición firme ante católicos y socialistas se
planteaba como fracasada, la aproximación de Bismarck mediante "el palo y
zanahoria" logró una muy apaciguada oposición de ambos grupos.
La ideología de Bismarck se puede resumir en cuatro objetivos: la
Kulturkampf, la reforma social, la unificación nacional y la Kleindeutschland.
Durante el mandato de Bismarck se
debatieron dos visiones de lo que el Imperio alemán debía incluir
territorialmente. Una visión era la de una Großdeutschland (Gran Alemania), y
la otra, preferida por Bismarck, era una Kleindeutschland (Alemania Menor). La
Großdeutschland, propugnada especialmente por los liberales y los nacionalistas
alemanes pangermánicos, era un concepto en el que Alemania debía ser un Estado
que abarcara todos los territorios germánicos, incluyendo Austria (algunos de
ellos defendieron incluir todo el territorio austrohúngaro y algunos sólo
querían las tierras germano-austríacas).
La Kleindeutschland era una idea
expuesta por Bismarck y los conservadores de Prusia. Si bien el concepto de
Kleindeutschland incluía a millones de no alemanes (principalmente polacos),
sus seguidores pensaban que la incorporación de todos los territorios de
Austria-Hungría daría lugar a la desestabilización del Estado alemán por el
gran número de minorías étnicas presentes en el Imperio austrohúngaro. Además,
los partidarios prusianos de la Kleindeutschland temían incluso la
incorporación de los territorios de la Austria alemana, porque pensaban que se
debilitaría el control de Prusia sobre la dirección de Alemania y se
incrementaría sustancialmente el número de católicos romanos en un Estado que
ya había tenido tensiones entre los protestantes del norte y los católicos del
sur, a los que el Estado quería asimilar.
GERMANIZACIÓN
Las políticas de germanización
atacaron en particular a la importante minoría polaca, adquirida por Prusia en
las particiones de Polonia. Se aprobaron leyes que negaban a los polacos el
derecho de construir viviendas en los territorios adquiridos en las particiones
de Polonia, restringían el derecho a hablar en polaco en las reuniones
públicas, y en 1908 se aprobó una ley para permitir la expulsión de los polacos
de sus casas. Esta última ley fue ejecutada sólo en 4 casos y sirvió más como
una amenaza, pero todas estas medidas condujeron a un alejamiento de los
polacos de las autoridades alemanas.
En 1885 se creó una Comisión de
Liquidación, financiada por el gobierno, con la misión de distribuir tierras de
propiedad alemana entre los colonos polacos. Sin embargo, los polacos fundaron
una organización propia para defenderse de la Comisión y los asentamientos
alemanes. En la década de 1880 las autoridades alemanas organizaron la
expulsión en masa de unos 24.000 polacos que no tenían la ciudadanía alemana a
la Polonia rusa. Este acto fue duramente criticado por partidos de izquierda y
el mismo Bismarck era escéptico al respecto, pero estaba preocupado por los
posibles "elementos revolucionarios" presentes entre los polacos de
la Polonia rusa. Asociaciones polacas intentaron luchar por sus derechos, sin
éxito, y aunque se eligieron diputados polacos para el Reichstag, representando
de manera proporcional a la minoría polaca, eran mucho más numerosos los
representantes alemanes, la mayoría hostiles a su causa. En resumen, las leyes
antipolacas no tuvieron un gran efecto, sobre todo en la provincia de Posen,
donde la población de habla alemana se redujo de un 42,8% en 1871 a un 38,1% en
1905, a pesar de todos los esfuerzos
EL AÑO DE LOS TRES KÁISERES
El 9 de marzo de 1888, Guillermo
I murió poco antes de su 91º cumpleaños, dejando a su hijo Federico III como
nuevo emperador. Federico III era un liberal y un admirador de la constitución
británica,mientras que sus lazos con Gran Bretaña fueron reforzados aún más
con su matrimonio con la princesa Victoria, hija mayor de la reina Victoria.
Con su ascenso al trono, muchos esperaban que el reinado de Federico III daría
lugar a una liberalización del Reich y a una mayor influencia del Parlamento
sobre el proceso político. El despido de Robert von Puttkamer, el conservador
ministro del Interior de Prusia, el 8 de junio, fue una señal en la dirección
esperada y un golpe a la administración de Bismarck.
Sin embargo, en el momento de su
ascensión al trono, Federico III había desarrollado un cáncer de laringe
incurable, que le había sido diagnosticado el 12 de noviembre del año anterior
por el médico británico Morell Mackenzie. Federico falleció el día 99 de su
gobierno, el 15 de junio de 1888. La muerte de Federico III llevó a la
instauración de su hijo Guillermo II como emperador. Debido a la rápida
sucesión de estos tres monarcas, 1888 se conoce como el Año de los Tres
Emperadores (Káiseres) (en alemán: Dreikaiserjahr).
LA NUEVA LEGITIMACIÓN DEL TRONO Y LA
DIMISIÓN DE BISMARCK
Guillermo II pretendió legitimar
nuevamente la importancia del trono imperial en una época en que otras
monarquías de Europa estaban siendo subordinadas a posiciones muy bajas. Esta
decisión llevó al ambicioso Káiser a un conflicto con Bismarck. Bismarck tenía
la esperanza de controlar a Guillermo II como había controlado a su abuelo,
pero el emperador quería ser el amo en su propia casa, y había numerosos
aduladores diciéndole que Federico el Grande no habría sido tan grande con
Bismarck a su lado.
Una diferencia importante entre
Guillermo II y Bismarck eran sus enfoques en el manejo de las crisis políticas,
especialmente en 1889, cuando los mineros del carbón alemanes se declararon en
huelga en la Alta Silesia. Bismarck exigió que el ejército alemán fuese enviado
para aplastar la huelga, pero Guillermo II rechazó esta medida autoritaria,
respondiendo: No quiero manchar mi reinado con la sangre de mi pueblo.7 En
lugar de emplear la represión, Guillermo II hizo que siguieran adelante las
negociaciones con una delegación enviada a los mineros del carbón y que
consiguió que terminara la huelga sin violencia. El estilo de gobierno de
Bismarck había consistido siempre en que sólo él podía salvar al Reich durante
una crisis, y ahora tenía la intención de utilizar la huelga para provocar una
crisis tan grave que tendría que establecerse como dictador. Este fue el
comienzo de una ruptura entre Guillermo II y Bismarck. Bismarck desafió a
Guillermo II en las demandas de un mayor poder mediante la formación de coaliciones
políticas con partidos políticos que Guillermo II no apoyaba.
La relación díscola terminó después
de que Guillermo II y Bismarck tuvieran una disputa, y Bismarck renunció días
después, en marzo de 1890. Los últimos años de Bismarck vieron resbalar de sus
manos el poder a medida que envejecía, se volvía más irritable y autoritario y
se centraba menos. La política alemana se hacía cada vez más caótica, y el
canciller entendía esto mejor que nadie. Guillermo II había dicho a menudo
durante la década de 1880 que podría ser necesario en algún momento lanzar un
golpe militar y derrocar el Estado que Bismarck había creado. Bismarck, a
diferencia de la generación de Guillermo II, sabía muy bien que un país
ingobernable con una política exterior aventurera era una receta para el
desastre. Después de su retiro, Bismarck comentó: 20 años después de que yo me
haya ido, todo habrá terminado.
Pasaron 20 años y cuatro meses
después de su muerte en julio de 1898 hasta el final del Imperio alemán en
noviembre de 1918.
Con la salida de Bismarck como
canciller, Guillermo II se convirtió en el líder dominante de Alemania. A
diferencia de su abuelo, Guillermo I, quien se había mostrado satisfecho con el
manejo de los asuntos de gobierno por el canciller, Guillermo II quería estar
activo en los asuntos de Alemania y quería ser un jefe efectivo, no una figura
ornamental.8 Guillermo II recibió voluntariamente clases particulares de
economía del controvertido Walther Rathenau. Con Rathenau, Guillermo II estudió
la economía europea y empresarial y las realidades financieras de Europa.
En las apariciones oficiales y
fotografías, Guillermo II intentó con cierto éxito ocultar su brazo izquierdo
problemático, debido a un problema en el parto. Guillermo II se convirtió en uno
de los principales actores del plano internacional a principios del siglo XX,
reconocido por su agresiva política exterior y errores estratégicos, que empujó
al Imperio alemán al aislamiento político y más tarde a la Primera Guerra
Mundial.
Politica Interior del II REICH
Bajo Guillermo II, Alemania ya no
tenía cancilleres fuertes gobernando durante mucho tiempo como Bismarck. Los
cancilleres nuevos tenían dificultades en el desempeño de sus funciones,
especialmente en su función adicional como primer ministro de Prusia que se les
asignaba en la Constitución alemana. Las reformas hechas por el canciller
Caprivi en lo relativo a la liberalización del comercio provocaron una
reducción del desempleo y fueron apoyadas por el Káiser y muchos alemanes, a
excepción de los terratenientes prusianos, que temían perder su poderío y sus
tierras, los cuales lanzaron campañas contra Caprivi para protestar contra las
reformas.9
Mientras los aristócratas prusianos
desafiaron las exigencias de un Estado unido de Alemania, en la década de 1890
una serie de organizaciones rebeldes se crearon para desafiar la autoritaria,
conservadora y militarista política prusiana, que fue inculcada en el país.
Algunos educadores actuaron en contra de las escuelas alemanas estatales, donde
se enseñaba la educación militar, y crearon sus propias escuelas independientes
con mentalidad liberal que alentaron el individualismo y la libertad.10 Sin
embargo, las escuelas de la Alemania imperial tenían un nivel muy alto e
innovaciones modernas.11 Los artistas comenzaron con el arte experimental en
oposición a las demandas del Káiser Guillermo II por el arte tradicional, a lo
que Guillermo II respondió: "arte que transgrede las leyes y los límites
establecidos por mí ya no se puede llamar arte".12 Al mismo tiempo, surgió
una nueva generación de productores y productoras culturales.13 La oposición
más peligrosa para la monarquía quedó abolida desde el recién formado Partido
Socialdemócrata de Alemania (SPD) en la década de 1890 que abogaba por el
marxismo. La amenaza del SPD hacia la monarquía e industria alemana obligó al
Estado a tomar medidas drásticas contra los simpatizantes socialistas, así como
a iniciar la reforma social para suavizar las tensiones internas. Las grandes
industrias de Alemania proporcionaron importantes programas de bienestar social
y buenos cuidados hacia sus empleados. Incluso ofrecieron pensiones y
prestaciones por enfermedad o vivienda a sus empleados para reducir el malestar
social.
Guillermo II, a diferencia de
Bismarck, puso de lado las diferencias con la Iglesia católica romana y dirigió
la energía del gobierno en oposición al socialismo a toda costa.14 Esta
política fracasó cuando los socialdemócratas ganaron un tercio de los votos en
las elecciones de 1912 en el Reichstag (Parlamento imperial) y se convirtieron
en el mayor partido político en Alemania. El gobierno quedó en manos de una
sucesión de coaliciones conservadoras con el apoyo de los liberales de derecha
y de clérigos católicos, las cuales dependían en gran medida de estar a favor del
Káiser. El creciente militarismo con Guillermo II provocó que muchos alemanes
emigrasen a los Estados Unidos.
POLÍTICA EXTERIOR
Guillermo II de Alemania quería que
Alemania tuviese su "lugar bajo el sol", a diferencia de los
británicos con los que constantemente quería competir y emular. Con los
fabricantes y comerciantes alemanes ya actuando en todo el mundo, alentó a los
esfuerzos coloniales en África y el Pacífico ("nuevo imperialismo"),
en lo esencial para que el Imperio alemán estuviera a la altura de otras
potencias europeas en el resto de los territorios "no reclamados".
Alemania adquirió África del Sudoeste Alemana (actual Namibia), Kamerún
(Camerún), Togolandia y África Oriental Alemana (la parte continental de la
actual Tanzania). Las islas se obtuvieron en el Pacífico mediante compras y
tratados internacionales, así como con un contrato de arrendamiento por 99 años
para el territorio de Kiautschou en el noreste de China. Sólo Togolandia y la
Samoa alemana (después de 1908) se convirtieron en autosuficientes y rentables,
el resto de los territorios necesitaron los subsidios de Berlín, que se
dedicaron para construir una infraestructura con sistemas escolares, hospitales
y otras instituciones.
Los esfuerzos coloniales fueron
tratados con desprecio en un principio por Bismarck, se diseñó una política
exterior eurocéntrica como lo demuestran los acuerdos firmados durante su
mandato en el cargo. Dado que Alemania era una recién llegada a la colonización,
se produjeron en varias ocasiones conflictos con las potencias coloniales
establecidas. Insurrecciones indígenas en los territorios alemanes se
convirtieron en material de impresión eventual, especialmente en el Reino
Unido; los poderes establecidos se habían ocupado de sus levantamientos décadas
antes, a menudo brutalmente, y habían instalado controles de empresas para ese
entonces. El Levantamiento de los bóxers en China, con el patrocinio más tarde
de las autoridades chinas, tuvo su inicio en la provincia de Shandong, en parte
porque Alemania, como colonizadora en Kiautschou, fue la única potencia que no
había probado su poder y que solo estuvo dos años en escena. Cuando Guillermo
II habló durante la ceremonia de partida para los contingentes alemanes de las
fuerzas de liberación de ocho países internacionales en China, una improvisada,
pero inoportuna referencia a los invasores hunos de la Europa continental, fue
después resucitada por la propaganda británica para burlarse de Alemania
durante la primera y segunda guerras mundiales. En dos ocasiones, pareció
inevitable un conflicto franco-alemán por el destino de Marruecos.
Con la compra de África del Sudoeste,
los colonos alemanes se animaron a cultivar la tierra en poder de los hereros y
los namas. Las tierras tribales de los hereros y namas fueron utilizadas para
diversas explotaciones (como los británicos habían hecho antes en Rodesia),
incluyendo la agricultura, la ganadería y la minería de minerales y diamantes.
En 1904 los hereros y namas se rebelaron contra los colonizadores en el
suroeste de África, matando a familias campesinas, trabajadores y funcionarios.
En respuesta a los ataques, se enviaron tropas alemanas para sofocar la rebelión
que luego dio lugar a un genocidio de hereros y namas. En total, unos 65.000
hereros (el 80% del total de la población herera) y 10.000 namas (el 50% del
total de la población nama) fueron aniquilados. El comandante de la expedición
punitiva, el general Lothar von Trotha, fue relevado al momento y reprendido
por las crueldades cometidas. Estos hechos han sido calificados a veces como
"el primer genocidio del siglo XX" y condenados oficialmente por las
Naciones Unidas en 1985. En 2004, tuvo lugar una disculpa formal por parte de
un ministro del gobierno de la República Federal Alemana.
Oriente Medio
Con el respaldo financiero del
Deutsche Bank, el ferrocarril de Bagdad se construyó en colaboración con el
Imperio otomano con la intención de afianzarse en el Oriente Medio. En una
entrevista con Guillermo II en 1899, Cecil Rhodes había intentado convencer al
Káiser de que el futuro del Imperio alemán en el extranjero residía en el
Oriente Medio y no en África. La construcción del ferrocarril de Bagdad desde
1900 hasta 1911 fue apoyada inicialmente por el Reino Unido. Sin embargo, con
el paso del tiempo, los británicos vieron cada vez más a Alemania como un
competidor vigoroso en la región que creían que sólo ellos debían dominar y
exigieron reducciones de personal, a una cuadra a la expansión del ferrocarril
en 1911, lo que se allanó a la demanda por parte de Alemania y del Imperio
otomano.
Europa del este
Las actitudes alemanas y la falta de
atención prestada a los tratados diseñados por Bismarck, así como el apoyo de
Alemania a su aliada Austria-Hungría en la ocupación de Bosnia y Herzegovina en
1908, hicieron que las relaciones diplomáticas se deteriorasen con la Rusia
imperial y se disipara una posible alianza con el Reino Unido. En 1914, la
errática política exterior dejó a Alemania aislada y sólo con Austria-Hungría
como verdadera aliada. El Reino de Italia siguió siendo un aliado sólo pro
forma, y éste vio más beneficio en entrar en alianzas finalmente adquirir el
territorio, en gran parte de habla alemana, del sur del Tirol de Austria-Hungría
en un futuro conflicto, lo que realmente ocurrió.
FINAL DEL IMPERIO - PRIMERA GUERRA MUNDIAL
ras el asesinato del archiduque
austrohúngaro de Austria-Este, Francisco Fernando de Austria por el serbio de
Bosnia, Gavrilo Princip, el Káiser Guillermo II ofreció al emperador
austrohúngaro, Francisco José I, apoyo completo para los planes de
Austria-Hungría de invadir el Reino de Serbia, que fue la nación a la que
Austria-Hungría culpó del asesinato. Este apoyo incondicional de
Austria-Hungría fue llamado "cheque en blanco" por los historiadores.
La interpretación posterior, por ejemplo en la Conferencia de Paz de Versalles,
era que este "cheque en blanco" dio un permiso de agresión
austrohúngara, independientemente de las consecuencias diplomáticas, por lo que
Alemania era responsable del inicio de la guerra, o al menos de provocar un
conflicto más amplio.
Alemania comenzó la guerra afectando
a su principal rival, Francia. Alemania vio Francia como su principal peligro
en el continente europeo, ya que se podría movilizar mucho más rápido que Rusia
y núcleo industrial de la rodeada Alemania, en Renania. A diferencia del Reino
Unido y Rusia, los franceses estaban involucrados principalmente en la guerra
de venganza contra Alemania, en particular, por la pérdida de Francia de
Alsacia-Lorena, que fue dada a Alemania en 1871. El alto mando alemán sabía que
Francia reuniría sus fuerzas para entrar en Alsacia-Lorena. Alemania no quería
arriesgarse a largas batallas a lo largo de la frontera con Francia y en su
lugar adoptó el Plan Schlieffen, una estrategia militar encaminada a paralizar
Francia con la invasión de Bélgica y Luxemburgo, encaminando las tropas hacia
París y cercar y aplastar a las fuerzas francesas a lo largo de la frontera
franco-alemana, en una victoria rápida. Después de derrotar a Francia, Alemania
haría un ataque contra Rusia. El plan requirió la violación de la neutralidad
oficial de Luxemburgo y Bélgica. Al principio, el ataque fue un éxito: el
ejército alemán arrasó desde Bélgica y Luxemburgo, y estaban casi en París, en
el cercano río Marne. Sin embargo el ejército francés puso una fuerte
resistencia para defender su capital en la Batalla del Marne que hizo que el
ejército alemán se retirase.
Las secuelas de la Batalla del Marne
fue un punto muerto desde hacía mucho tiempo entre el ejército alemán y los
aliados, con el uso de las trincheras en la guerra. Otros intentos de romper
más en Francia fracasaron en las dos batallas en Ypres con enormes bajas. El
jefe del estado mayor alemán, Erich von Falkenhayn, decidió romper con el Plan
Schlieffen y se centró en una guerra de desgaste contra Francia. Falkenhayn
dirigió las tropas a la antigua ciudad de Verdún, porque Verdún había sido una
de las últimas ciudades de resistir contra el ejército alemán en 1870, y
Falkenhayn sabía que por cuestión de orgullo nacional, los franceses harían
cualquier cosa para asegurarse de que no se perdiese Verdún. Falkenhayn previó
que, con tácticas adecuadas, las bajas francesas serían mayores que las de los
alemanes y que el compromiso continuo de las tropas francesas de Verdún haría
que el ejército francés "sangrase en blanco" y para luego permitir
que el ejército alemán entrase en Francia con facilidad. En 1916, la Batalla de
Verdún comenzó, con las posiciones francesas en Verdún bajo constante bombardeo
y ataques con gas venenoso y teniendo grandes bajas en el ataque de las fuerzas
alemanas en una abrumadora cantidad. Sin embargo Falkenhayn falló en la
predicción de una mayor proporción de franceses muertos, que resultó ser
errónea. Con la sustitución Falkenhayn por Erich Ludendorff y ningún éxito en
la Batalla de Verdún, el ejército alemán se retiró en diciembre de 1916.
Mientras el frente occidental era un
callejón sin salida para el ejército alemán, el frente del este demostró ser un
gran éxito. Estaba mal organizado y el suministro del ejército ruso falló, lo
que hizo que los ejércitos austro-húngaro y alemán avanzasen firmemente hacia
el este. Los alemanes se beneficiaron de la inestabilidad política en Rusia y
el deseo de poner fin a la guerra. En 1916, el gobierno alemán permitió al
líder bolchevique de la Rusia comunista, Vladimir Lenin, viajar a través de
Alemania desde Suiza a Rusia. Alemania creyó que si Lenin podría crear más
inestabilidad política, Rusia ya no sería capaz de continuar su guerra con
Alemania, permitiendo que el ejército alemán se concentrarse totalmente en el
frente occidental.
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En 1917, el zar fue derrocado del
trono en Rusia y más tarde un gobierno bolchevique fue creado bajo la dirección
de Lenin. Frente a la oposición política a los bolcheviques, Lenin decidió
poner fin a la campaña de Rusia contra Alemania, Austria-Hungría, el Imperio
otomano, y el Reino de Bulgaria con el fin de reorientar su energía a la
eliminación de la disidencia interna. En 1918, en el Tratado de Brest-Litovsk,
el gobierno bolchevique dio a Alemania y a el Imperio otomano un arreglo
territorial enorme a cambio de poner fin a la guerra en el frente oriental.
Este acuerdo incluyó todas las naciones bálticas de hoy en día (Estonia,
Letonia y Lituania) que fueron entregadas a la autoridad de ocupación alemana,
también se les dio Ober-Ost, Bielorrusia y Ucrania. Como resultado, Alemania
había logrado al fin la tierra que quiso a lo largo de mucho tiempo, la
"Mitteleuropa", y ahora podía centrarse plenamente en la destrucción
de los aliados en el frente occidental.
En el ámbito colonial, los resultados
alemanes fueron mixtos. Gran parte de las colonias de Alemania fueron reducidas
por los ejércitos británicos y franceses, sin embargo, en el África Oriental
Alemana, una impresionante campaña fue emprendida por el líder del ejército
colonial allí, el general Paul von Lettow-Vorbeck, que se mantendría largo
tiempo respetado como un comandante militar, y después por los nativos Askaris,
a quienes gobernó. Lettow-Vorbeck utilizó ataques de guerrilla contra las
fuerzas británicas en Kenia y Rodesia, así como invasores portugueses de
Mozambique para dar a sus fuerzas nuevos suministros y para recoger a más
reclutas Askaris. A su regreso a Alemania, en marzo de 1919, Lettow-Vorbeck
condujo a sus soldados repatriados a través de la decorada Puerta de
Brandeburgo en Berlín, dando a la nación derrotada su único desfile de la
victoria.
En noviembre de 1918, con la
revolución interna, una guerra estancada, Austria-Hungría cayendo a pedazos
desde múltiples tensiones étnicas, y la presión del alto mando alemán, el
emperador Guillermo II, quien era por entonces una "sombra", abdicó,
junto con el jefe del alto mando alemán, dejando la situación desastrosa para
el nuevo gobierno liderado por los socialdemócratas alemanes, quienes pidieron
y se les concedió un armisticio el 11 de noviembre de 1918 y marcó el final de
la Primera Guerra Mundial y del Imperio alemán. Éste fue seguido por la
democracia, y por la inestabilizada, República de Weimar.
LOS 3 KAISERS ALEMANES
| Kiaser Guillermo I |
| Guillermo II |
| Federico III |
