miércoles, 19 de septiembre de 2012

IMPERIO ALEMÁN - II REICH
El II Reich Alemán
El Segundo Imperio Alemán, también conocido como II Reich, se inició en 1871 y se prolongó hasta 1918, coincidiendo con el final de la I Guerra Mundial.
Escudo
Escudo del Imperio

El Imperio alemán (en alemán: Deutsches Reich, llamado por algunos historiadores alemanes Kaiserlich Deutsches Reich o simplemente Kaiserreich) se refiere a Alemania desde su unificación y la proclamación de Guillermo I como emperador, el 18 de enero de 1871, hasta 1918, cuando se convirtió en una república después de la derrota en la Primera Guerra Mundial y la abdicación de Guillermo II (9 de noviembre de 1918). El término de Deutsches Reich se mantuvo como nombre oficial de Alemania durante la República de Weimar y la mayor parte del período nazi hasta 1943, cuando fue cambiado a Großdeutsches Reich («Gran Imperio Alemán»).
Bandera
bandera del Imperio Aleman

Durante sus 47 años de existencia, el Imperio alemán surgió como una de las economías industriales más poderosas de la Tierra y una gran potencia, hasta que se derrumbó después de su derrota militar en la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Noviembre. Los Estados fronterizos más importantes fueron el Imperio ruso en el este, Francia en el oeste y el Imperio austrohúngaro en el sur.

El KÁISER
Kaiser Guillermo II
Según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española) es el título alemán que significa «emperador», con Kaiserin siendo el equivalente femenino, «emperatriz». El vocablo proviene del latín caesar o césar, tomado del título de los emperadores romanos desde César Augusto, que lo usó como descendiente de Julio César. En alemán, la palabra káiser no está restringida a los jefes de los imperios alemán, austríaco o del Sacro Imperio Romano Germánico, sino que se usa en sentido genérico para todos los jefes de imperios. Por ejemplo, un emperador de China se menciona como Chinesischer Kaiser (emperador chino) o Kaiser von China (emperador de China) en alemán

ANTECEDENTES
Confederación Alemana del Norte 1866–1871
Confederación alemana del norte

La historia alemana del siglo XIX, hasta la formación del Estado-nación, se ha caracterizado por múltiples cambios políticos y territoriales que se produjeron tras el colapso del Sacro Imperio Romano Germánico en 1806. El antiguo Imperio se caracteriza cada vez más por los intereses conflictivos de sus dos grandes potencias: Austria y la potencia ascendente Prusia. Durante las guerras napoleónicas, el Sacro Imperio es disuelto y reemplazado por la Confederación del Rin, tutelada por Francia.

Después de la derrota de la Francia napoleónica ante los reinos de Europa (que eran en especial los del Reino Unido, Prusia, Rusia y Austria), los príncipes alemanes, sin embargo, no se interesaron en un poder central que erosionase su autonomía. En el Congreso de Viena 1815 fue creada la Confederación Germánica, una confederación de las zonas que habían pertenecido antes de 1806 al Sacro Imperio Romano Germánico; a partir de ella tomará cuerpo la nación alemana. Luego del Congreso de Viena, que más adelante se describe en la historia como el Vormärz, Alemania estuvo marcada por una política de restauración, dominada por el canciller austríaco, el príncipe Klemens Wenzel von Metternich. Como parte de la llamada Santa Alianza entre Austria, Prusia y Rusia, la restauración tenía por objetivo restablecer las relaciones de poder entre los Estados nacionales del Antiguo Régimen, es decir, las existentes antes de la Revolución Francesa en 1789.
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Bismarck y Napoleón II, después de la batalla de Sedan

Esta política de oponerse a la nación y a los movimientos democrático-burgueses llevó a numerosas protestas en muchas partes de la Europa Central, que finalmente derivaron en la Revolución de Marzo en 1848 en los estados alemanes. Los miembros de la revolución por la recién formada Alemania crearon el primer parlamento democrático, la Asamblea Nacional de Fráncfort. Al rey prusiano Federico Guillermo IV se le entregó la corona imperial alemana. Éste, sin embargo, apelando a su "derecho divino", se negó al intento fallido, y la mayoría de los estados alemanes decidieron unirse en una base constitucional.

El gobierno federal alemán siguió existiendo después de la supresión violenta del movimiento revolucionario de 1848-1849 bajo la dirección del bando austríaco. Se suprimió una década de la reacción política (Reaktionsära), en la que las aspiraciones democráticas y liberales fueron recreadas de nuevo. Desde el comienzo de la década de 1860, en los Estados alemanes se formaron los primeros partidos políticos en el sentido moderno.
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Fundación del Imperio Alemán en el Palacio de Versalles

En 1864, el gobierno federal había llegado a una alianza unificada de gran importancia con Austria, como en la cuestión de Schleswig-Holstein de la guerra germano-danesa, en la que Prusia y Austria, a causa de una cláusula federal, estaban una al lado de otra. Sin embargo, este consenso entre las dos potencias duró poco. En la disputa sobre Schleswig-Holstein en 1866 fueron los alemanes los que iniciaron la Guerra Austro-Prusiana, en la que los austríacos lucharon contra los ejércitos de Prusia y algunos Estados del norte de Alemania, junto a Italia y los Estados del sur, incluyendo Baden, Baviera, Hesse y Wurtemberg. Después de la derrota de Austria, al final de la Confederación Germánica se creó la Confederación Alemana del Norte bajo el liderazgo de Prusia.

Accionada por una disputa entre Prusia y Francia a causa de la Sucesión Española, en 1870 comenzó la Guerra Franco-Prusiana. La declaración de guerra llegó desde el lado francés, después de que Bismarck, el primer ministro de Prusia, publicase una versión editada del Telegrama de Ems, que comprometía políticamente a Francia. Los Estados del sur de Alemania se adhirieron a Prusia. Bismarck utilizó este acto para llevar a cabo la coronación del rey de Prusia como emperador de Alemania y, por lo tanto, la integración de los Estados del sur como parte de una "pequeña solución alemana" en un reino unificado. Las tres guerras, que duraron desde 1864 hasta 1871, también se conocieron como las guerras de la unificación alemana.


FUNDACIÓN DEL IMPERIO ALEMÁN


Bismarck preparó un amplio esquema, la Constitución alemana del norte, de 1866, que se convirtió en la Constitución alemana de 1871, con algunos ajustes. Alemania adquirió algunos rasgos democráticos. En el nuevo Imperio había un parlamento con dos cámaras. La Cámara baja, o Reichstag, era elegida por sufragio universal masculino. Sin embargo, las circunscripciones originales elaboradas en 1871 nunca se volvieron a rediseñar para reflejar el crecimiento de las zonas urbanas. Como resultado, en el momento de la gran expansión de las ciudades alemanas entre los años 1890 y 1900, las zonas rurales estaban excesivamente representadas.

La legislación también requería la aprobación del Bundesrat, el Consejo federal de diputados de los Estados del Reich. El poder ejecutivo residía en el emperador, o Káiser (del emperador romano César). Al emperador se le dieron amplios poderes por la Constitución. El canciller era el comandante en jefe supremo de las fuerzas armadas y el árbitro final de las relaciones internacionales. Oficialmente, el canciller era un gabinete de un solo hombre y era responsable de la marcha de prácticamente todos los asuntos del Estado, como la burocracia de altos funcionarios a cargo de las finanzas, la guerra, las relaciones internacionales, etc.; se parecía al Presidente del Consejo de Ministros. El Reichstag tenía el poder de aprobar, modificar o rechazar proyectos de ley y de iniciar una legislación.

Aunque de iure todos los Estados tenían el mismo poder ejecutivo, prácticamente el Imperio estaba dominado por el Estado más grande y poderoso, Prusia. Se extendía por el norte y poseía las dos terceras partes de la superficie del Reich y las tres quintas partes de su población. La corona imperial era hereditaria de la Dinastía de los Hohenzollern, la casa reinante de Prusia. Con la excepción de los años 1872-1873 y 1892-1894, el canciller fue siempre al mismo tiempo el primer ministro de Prusia. Con 17 votos de los 58 en el Bundesrat, Berlín sólo necesitaba unos cuantos votos de los Estados pequeños para ejercer un control efectivo.

Los otros Estados conservaron sus propios gobiernos, pero se limitaron sólo a los aspectos de la soberanía. Por ejemplo, los sellos postales emitidos por el Imperio en su conjunto, al igual que la moneda, eran a través de una marca. Las piezas de valor superior eran emitidas por los Estados, pero eran prácticamente monedas conmemorativas y tenían una circulación limitada.

Mientras que los Estados tenían sus propias condecoraciones, y algunos tenían sus propios ejércitos, las fuerzas militares de los más pequeños fueron puestas bajo control prusiano. Los ejércitos de los Estados más grandes, como los reinos de Baviera y Sajonia, se coordinaron con los ejércitos principales de Prusia y en tiempo de guerra eran controlados por el gobierno federal.

La evolución del Imperio alemán va en consonancia con los desarrollos paralelos en el reino de Italia, que se convirtió en una nación unificada diez años antes que el Imperio alemán. Algunos elementos clave de la estructura política autoritaria del Imperio alemán también fueron la base para la modernización conservadora en el Japón imperial de Meiji y para la conservación de una estructura política autoritaria bajo los zares del Imperio ruso.

PODERÍO ALEMÁN

Bajo el liderazgo de Prusia y de Bismarck, Alemania se había convertido en una nación y una potencia mundial. En 1871, 39 Estados independientes se unieron. Los reyes de Sajonia y Baviera, los príncipes, duques y electores de Brunswick, Baden, Hanóver, Mecklemburgo, Wurtemberg, Oldemburgo juraron lealtad al rey de Prusia, el Káiser. Con la unidad se produjo un periodo extraordinario de energía y expansión económica.

En 1871, el Imperio alemán contaba con 41 millones de ciudadanos. En 1913 había casi 68 millones, un aumento de más de la mitad. Y más de la mitad de ellos vivían en pueblos y ciudades.

Pero no se trataba sólo de una expansión de la población. Los cimientos de la fortaleza económica en el cambio de siglo eran de acero y carbón, y Alemania hizo grandes progresos con ambos:

-          La producción de acero se multiplicó por doce en 30 años.
-          La producción de carbón casi se multiplicó por cinco en 30 años.
-          Las manufacturas se multiplicaron por cuatro.
-          Las exportaciones se multiplicaron por tres.
-          Las exportaciones de productos químicos se multiplicaron por tres.
-          Las exportaciones de maquinaria se multiplicaron por cinco.

En 30 años, la participación de Alemania en el comercio mundial aumentó en un tercio. En 1914, Alemania era la nación industrial más poderosa de Europa. El epítome de su industria podría estar en la firma Krupp, cuya primera fábrica fue construida en Essen. En 1902, la fábrica sola se había convertido en una gran ciudad con sus propias calles, su propia fuerza de policía, bomberos y leyes de tránsito. Había 150 kilómetros de ferrocarril, 60 edificios de fábricas diferentes, 8.500 máquinas de herramientas, siete estaciones eléctricas, 140 kilómetros de cable subterráneo y 46 kilómetros en superficie.

Bajo Bismarck, Alemania estuvo más cerca que cualquier otro Estado de las concepciones modernas de bienestar social. Los trabajadores alemanes disfrutaban de beneficios por enfermedad, accidentes y maternidad, comedores y vestuarios y un plan nacional de pensiones antes de que estos se pensasen incluso en los países más liberales. Sin embargo, la vida de los trabajadores, como en todo el mundo de esa época, era dura. En las fábricas de acero se operaba 12 horas diarias y 80 horas semanales. No estaban garantizados ni descanso, ni vacaciones. En Alemania, como en todos los países industriales, había pobreza y protestas.

OTTO VON BISMARCK

Político prusiano, artífice de la unidad alemana (Schoenhausen, Magdeburgo, 1815 - Friedrichsruh, 1898). Procedente de una familia noble prusiana, Bismarck vivió una juventud indisciplinada, autodidacta y llena de dudas religiosas y políticas. A partir de su matrimonio cambió radicalmente de vida, iniciando una carrera política marcada por el más severo conservadurismo. Efectivamente, como diputado del Parlamento prusiano desde 1847, destacó como adversario de las ideas liberales que por entonces avanzaban en toda Europa; la experiencia revolucionaria de 1848-51 le radicalizó en sus posturas reaccionarias, convirtiéndole para siempre en paradigma del autoritarismo y del militarismo prusiano. 

En los años siguientes ocupó puestos diplomáticos en Frankfurt, San Petersburgo y París, conociendo de primera mano los asuntos internacionales. De esa época data la maduración de su ideario político nacionalista, a medio camino entre el constitucionalismo y las tradiciones germánicas; y su convicción de que el proyecto de unificación que albergaba para Alemania no debía basarse en la apelación a las masas, sino en el empleo inteligente de la diplomacia y de la fuerza militar. Tales ideas le convirtieron en modelo del político realista apartado de todo idealismo, sensibilidad o prejuicios morales.
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Bismarck en la Conferencia de Berlin

Desde que el rey Guillermo I le nombró canciller (primer ministro) en 1862, puso en marcha su plan para imponer la hegemonía de Prusia sobre el conjunto de Alemania, como paso previo para una eventual unificación nacional. Empezó por reorganizar y reforzar el ejército prusiano, al que lanzaría a continuación a tres enfrentamientos bélicos, probablemente premeditados, en todos los cuales resultó vencedor: la Guerra de los Ducados (1864), una acción concertada con Austria para arrebatar a Dinamarca los territorios de habla alemana de Schleswig y Holstein; la Guerra Austro-Prusiana (1866), un artificioso conflicto provocado a raíz de los problemas de la administración conjunta de los ducados daneses y dirigida, en realidad, a eliminar la influencia de Austria sobre los asuntos alemanes; y la Guerra Franco-Prusiana (1870), provocada por un malentendido diplomático con la Francia de Napoleón III a propósito de la sucesión al vacante Trono de España, pero encaminada de hecho a anular a Francia en la política europea, a fin de que dejara de alentar el particularismo de los Estados alemanes del sur.

En cada una de aquellas guerras Prusia acrecentó su poderío y extendió su territorio: en 1867 ya fue capaz de unir a la mayor parte de los Estados independientes que subsistían en Alemania, formando la Confederación de la Alemania del Norte; en 1871, además de anexionarse las regiones francesas de Alsacia y Lorena, impuso la creación de un único Imperio Alemán bajo la corona de Guillermo I, del que sólo quedó excluida Austria 

POLÍTICA DE BISMARCK

La política interior de Bismarck se apoyó en un régimen de poder autoritario, a pesar de la apariencia constitucional y del sufragio universal destinado a neutralizar a las clases medias (Constitución federal de 1871). Inicialmente gobernó en coalición con los liberales, centrándose en contrarrestar la influencia de la Iglesia católica (Kulturkampf) y en favorecer los intereses de los grandes terratenientes mediante una política económica librecambista; en 1879 rompió con los liberales y se alió al partido católico (Zentrum), adoptando posturas proteccionistas que favorecieran el crecimiento industrial. En esa segunda época centró sus esfuerzos en frenar el movimiento obrero alemán, al que ilegalizó aprobando las Leyes Antisocialistas, al tiempo que intentaba atraerse a los trabajadores con la legislación social más avanzada del momento.

En política exterior, se mostró prudente para consolidar la unidad alemana recién conquistada: por un lado, forjó un entramado de alianzas diplomáticas (con Austria, Rusia e Italia) destinado a aislar a Francia en previsión de su posible revancha; por otro, mantuvo a Alemania apartada de la vorágine imperialista que por entonces arrastraba al resto de las potencias europeas. Fue precisamente esta precaución frente a la carrera colonial la que le enfrentó con el nuevo emperador, Guillermo II (1888), partidario de prolongar la ascensión de Alemania con la adquisición de un imperio ultramarino, asunto que provocó la caída de Bismarck en 1890.

La política exterior de Bismarck después de 1871 fue conservadora y trató de mantener el equilibrio de poder en Europa. Su mayor preocupación era Francia, que quedó derrotada y resentida después de la Guerra Franco-Prusiana. Como los franceses no tuvieron fuerzas para derrotar a Alemania por sí mismos, buscaron una alianza con Rusia, con la que atraparían a Alemania entre dos frentes en caso de una guerra (cosa que finalmente ocurrió en 1914). Bismarck quería evitarlo a toda costa y mantener relaciones de amistad con los rusos, y formó una alianza con ellos y el Imperio austrohúngaro (que por la década de 1880 estaba siendo lentamente reducido a un satélite alemán), el Dreikaiserbund (Liga de los Tres Emperadores). Durante este período, algunos militares alemanes abogaban por un ataque preventivo contra Rusia, pero Bismarck sabía que tales ideas eran temerarias. Escribió:

Las victorias más brillantes no pueden beneficiar sino a la nación de Rusia, debido a su clima, su desierto, su frugalidad y no tener más que una frontera que defender.

También porque dejaría a Alemania con otro vecino amargo y resentido.

Añadir leyenda
Bismarck consiguió cierto número de posesiones coloniales para Alemania durante la década de 1880 en África y el Pacífico, pero dudaba del valor real de un imperio colonial de ultramar. Él y la mayoría de sus contemporáneos eran de mentalidad conservadora y centraban su atención en la política exterior con los países vecinos de Alemania. En 1914, el 60% de la inversión exterior alemana se dedicaba a Europa, en comparación con sólo el 5% de la inversión británica. La mayor parte del dinero fue a naciones en desarrollo como Rusia, que carecían del capital o de los conocimientos técnicos para industrializarse por sí mismas, y las colonias de Alemania se mantuvieron mal desarrolladas (África Sudoccidental se dice a menudo que no era apta para ser una colonia penal).
Mapa colonial de África en el S. XIX

IDEOLOGÍA

Después de lograr la unificación en 1871, Bismarck dedicó gran parte de su atención a la causa de la unidad nacional bajo la ideología del prusianismo. El conservadurismo católico activista y emancipador, conceptualizado por el giro conservador del Vaticano bajo el papado de Pío IX y su dogma de la infalibilidad papal, así como el radicalismo de la clase trabajadora, representada por el naciente Partido Socialdemócrata, reaccionaron de muchas maneras ante la preocupación de dislocación de muy diferentes segmentos de la sociedad alemana, generada por una rápida transición de una economía agraria a una economía basada en el capitalismo industrial moderno bajo la tutela nacionalista. En tanto que una oposición firme ante católicos y socialistas se planteaba como fracasada, la aproximación de Bismarck mediante "el palo y zanahoria" logró una muy apaciguada oposición de ambos grupos.

La ideología de Bismarck se puede resumir en cuatro objetivos: la Kulturkampf, la reforma social, la unificación nacional y la Kleindeutschland.

Durante el mandato de Bismarck se debatieron dos visiones de lo que el Imperio alemán debía incluir territorialmente. Una visión era la de una Großdeutschland (Gran Alemania), y la otra, preferida por Bismarck, era una Kleindeutschland (Alemania Menor). La Großdeutschland, propugnada especialmente por los liberales y los nacionalistas alemanes pangermánicos, era un concepto en el que Alemania debía ser un Estado que abarcara todos los territorios germánicos, incluyendo Austria (algunos de ellos defendieron incluir todo el territorio austrohúngaro y algunos sólo querían las tierras germano-austríacas). 

La Kleindeutschland era una idea expuesta por Bismarck y los conservadores de Prusia. Si bien el concepto de Kleindeutschland incluía a millones de no alemanes (principalmente polacos), sus seguidores pensaban que la incorporación de todos los territorios de Austria-Hungría daría lugar a la desestabilización del Estado alemán por el gran número de minorías étnicas presentes en el Imperio austrohúngaro. Además, los partidarios prusianos de la Kleindeutschland temían incluso la incorporación de los territorios de la Austria alemana, porque pensaban que se debilitaría el control de Prusia sobre la dirección de Alemania y se incrementaría sustancialmente el número de católicos romanos en un Estado que ya había tenido tensiones entre los protestantes del norte y los católicos del sur, a los que el Estado quería asimilar.

GERMANIZACIÓN

Las políticas de germanización atacaron en particular a la importante minoría polaca, adquirida por Prusia en las particiones de Polonia. Se aprobaron leyes que negaban a los polacos el derecho de construir viviendas en los territorios adquiridos en las particiones de Polonia, restringían el derecho a hablar en polaco en las reuniones públicas, y en 1908 se aprobó una ley para permitir la expulsión de los polacos de sus casas. Esta última ley fue ejecutada sólo en 4 casos y sirvió más como una amenaza, pero todas estas medidas condujeron a un alejamiento de los polacos de las autoridades alemanas. 

En 1885 se creó una Comisión de Liquidación, financiada por el gobierno, con la misión de distribuir tierras de propiedad alemana entre los colonos polacos. Sin embargo, los polacos fundaron una organización propia para defenderse de la Comisión y los asentamientos alemanes. En la década de 1880 las autoridades alemanas organizaron la expulsión en masa de unos 24.000 polacos que no tenían la ciudadanía alemana a la Polonia rusa. Este acto fue duramente criticado por partidos de izquierda y el mismo Bismarck era escéptico al respecto, pero estaba preocupado por los posibles "elementos revolucionarios" presentes entre los polacos de la Polonia rusa. Asociaciones polacas intentaron luchar por sus derechos, sin éxito, y aunque se eligieron diputados polacos para el Reichstag, representando de manera proporcional a la minoría polaca, eran mucho más numerosos los representantes alemanes, la mayoría hostiles a su causa. En resumen, las leyes antipolacas no tuvieron un gran efecto, sobre todo en la provincia de Posen, donde la población de habla alemana se redujo de un 42,8% en 1871 a un 38,1% en 1905, a pesar de todos los esfuerzos

EL AÑO DE LOS TRES KÁISERES

El 9 de marzo de 1888, Guillermo I murió poco antes de su 91º cumpleaños, dejando a su hijo Federico III como nuevo emperador. Federico III era un liberal y un admirador de la constitución británica,mientras que sus lazos con Gran Bretaña fueron reforzados aún más con su matrimonio con la princesa Victoria, hija mayor de la reina Victoria. Con su ascenso al trono, muchos esperaban que el reinado de Federico III daría lugar a una liberalización del Reich y a una mayor influencia del Parlamento sobre el proceso político. El despido de Robert von Puttkamer, el conservador ministro del Interior de Prusia, el 8 de junio, fue una señal en la dirección esperada y un golpe a la administración de Bismarck.

Sin embargo, en el momento de su ascensión al trono, Federico III había desarrollado un cáncer de laringe incurable, que le había sido diagnosticado el 12 de noviembre del año anterior por el médico británico Morell Mackenzie. Federico falleció el día 99 de su gobierno, el 15 de junio de 1888. La muerte de Federico III llevó a la instauración de su hijo Guillermo II como emperador. Debido a la rápida sucesión de estos tres monarcas, 1888 se conoce como el Año de los Tres Emperadores (Káiseres) (en alemán: Dreikaiserjahr).
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Guillermo I

LA NUEVA LEGITIMACIÓN DEL TRONO Y LA DIMISIÓN DE BISMARCK


Guillermo II pretendió legitimar nuevamente la importancia del trono imperial en una época en que otras monarquías de Europa estaban siendo subordinadas a posiciones muy bajas. Esta decisión llevó al ambicioso Káiser a un conflicto con Bismarck. Bismarck tenía la esperanza de controlar a Guillermo II como había controlado a su abuelo, pero el emperador quería ser el amo en su propia casa, y había numerosos aduladores diciéndole que Federico el Grande no habría sido tan grande con Bismarck a su lado.


Una diferencia importante entre Guillermo II y Bismarck eran sus enfoques en el manejo de las crisis políticas, especialmente en 1889, cuando los mineros del carbón alemanes se declararon en huelga en la Alta Silesia. Bismarck exigió que el ejército alemán fuese enviado para aplastar la huelga, pero Guillermo II rechazó esta medida autoritaria, respondiendo: No quiero manchar mi reinado con la sangre de mi pueblo.7 En lugar de emplear la represión, Guillermo II hizo que siguieran adelante las negociaciones con una delegación enviada a los mineros del carbón y que consiguió que terminara la huelga sin violencia. El estilo de gobierno de Bismarck había consistido siempre en que sólo él podía salvar al Reich durante una crisis, y ahora tenía la intención de utilizar la huelga para provocar una crisis tan grave que tendría que establecerse como dictador. Este fue el comienzo de una ruptura entre Guillermo II y Bismarck. Bismarck desafió a Guillermo II en las demandas de un mayor poder mediante la formación de coaliciones políticas con partidos políticos que Guillermo II no apoyaba.

La relación díscola terminó después de que Guillermo II y Bismarck tuvieran una disputa, y Bismarck renunció días después, en marzo de 1890. Los últimos años de Bismarck vieron resbalar de sus manos el poder a medida que envejecía, se volvía más irritable y autoritario y se centraba menos. La política alemana se hacía cada vez más caótica, y el canciller entendía esto mejor que nadie. Guillermo II había dicho a menudo durante la década de 1880 que podría ser necesario en algún momento lanzar un golpe militar y derrocar el Estado que Bismarck había creado. Bismarck, a diferencia de la generación de Guillermo II, sabía muy bien que un país ingobernable con una política exterior aventurera era una receta para el desastre. Después de su retiro, Bismarck comentó: 20 años después de que yo me haya ido, todo habrá terminado.
Pasaron 20 años y cuatro meses después de su muerte en julio de 1898 hasta el final del Imperio alemán en noviembre de 1918.

Con la salida de Bismarck como canciller, Guillermo II se convirtió en el líder dominante de Alemania. A diferencia de su abuelo, Guillermo I, quien se había mostrado satisfecho con el manejo de los asuntos de gobierno por el canciller, Guillermo II quería estar activo en los asuntos de Alemania y quería ser un jefe efectivo, no una figura ornamental.8 Guillermo II recibió voluntariamente clases particulares de economía del controvertido Walther Rathenau. Con Rathenau, Guillermo II estudió la economía europea y empresarial y las realidades financieras de Europa.

En las apariciones oficiales y fotografías, Guillermo II intentó con cierto éxito ocultar su brazo izquierdo problemático, debido a un problema en el parto. Guillermo II se convirtió en uno de los principales actores del plano internacional a principios del siglo XX, reconocido por su agresiva política exterior y errores estratégicos, que empujó al Imperio alemán al aislamiento político y más tarde a la Primera Guerra Mundial.

Politica Interior del II REICH

Bajo Guillermo II, Alemania ya no tenía cancilleres fuertes gobernando durante mucho tiempo como Bismarck. Los cancilleres nuevos tenían dificultades en el desempeño de sus funciones, especialmente en su función adicional como primer ministro de Prusia que se les asignaba en la Constitución alemana. Las reformas hechas por el canciller Caprivi en lo relativo a la liberalización del comercio provocaron una reducción del desempleo y fueron apoyadas por el Káiser y muchos alemanes, a excepción de los terratenientes prusianos, que temían perder su poderío y sus tierras, los cuales lanzaron campañas contra Caprivi para protestar contra las reformas.9

Mientras los aristócratas prusianos desafiaron las exigencias de un Estado unido de Alemania, en la década de 1890 una serie de organizaciones rebeldes se crearon para desafiar la autoritaria, conservadora y militarista política prusiana, que fue inculcada en el país. Algunos educadores actuaron en contra de las escuelas alemanas estatales, donde se enseñaba la educación militar, y crearon sus propias escuelas independientes con mentalidad liberal que alentaron el individualismo y la libertad.10 Sin embargo, las escuelas de la Alemania imperial tenían un nivel muy alto e innovaciones modernas.11 Los artistas comenzaron con el arte experimental en oposición a las demandas del Káiser Guillermo II por el arte tradicional, a lo que Guillermo II respondió: "arte que transgrede las leyes y los límites establecidos por mí ya no se puede llamar arte".12 Al mismo tiempo, surgió una nueva generación de productores y productoras culturales.13 La oposición más peligrosa para la monarquía quedó abolida desde el recién formado Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) en la década de 1890 que abogaba por el marxismo. La amenaza del SPD hacia la monarquía e industria alemana obligó al Estado a tomar medidas drásticas contra los simpatizantes socialistas, así como a iniciar la reforma social para suavizar las tensiones internas. Las grandes industrias de Alemania proporcionaron importantes programas de bienestar social y buenos cuidados hacia sus empleados. Incluso ofrecieron pensiones y prestaciones por enfermedad o vivienda a sus empleados para reducir el malestar social.

Guillermo II, a diferencia de Bismarck, puso de lado las diferencias con la Iglesia católica romana y dirigió la energía del gobierno en oposición al socialismo a toda costa.14 Esta política fracasó cuando los socialdemócratas ganaron un tercio de los votos en las elecciones de 1912 en el Reichstag (Parlamento imperial) y se convirtieron en el mayor partido político en Alemania. El gobierno quedó en manos de una sucesión de coaliciones conservadoras con el apoyo de los liberales de derecha y de clérigos católicos, las cuales dependían en gran medida de estar a favor del Káiser. El creciente militarismo con Guillermo II provocó que muchos alemanes emigrasen a los Estados Unidos.

POLÍTICA EXTERIOR


Guillermo II de Alemania quería que Alemania tuviese su "lugar bajo el sol", a diferencia de los británicos con los que constantemente quería competir y emular. Con los fabricantes y comerciantes alemanes ya actuando en todo el mundo, alentó a los esfuerzos coloniales en África y el Pacífico ("nuevo imperialismo"), en lo esencial para que el Imperio alemán estuviera a la altura de otras potencias europeas en el resto de los territorios "no reclamados". Alemania adquirió África del Sudoeste Alemana (actual Namibia), Kamerún (Camerún), Togolandia y África Oriental Alemana (la parte continental de la actual Tanzania). Las islas se obtuvieron en el Pacífico mediante compras y tratados internacionales, así como con un contrato de arrendamiento por 99 años para el territorio de Kiautschou en el noreste de China. Sólo Togolandia y la Samoa alemana (después de 1908) se convirtieron en autosuficientes y rentables, el resto de los territorios necesitaron los subsidios de Berlín, que se dedicaron para construir una infraestructura con sistemas escolares, hospitales y otras instituciones.


Los esfuerzos coloniales fueron tratados con desprecio en un principio por Bismarck, se diseñó una política exterior eurocéntrica como lo demuestran los acuerdos firmados durante su mandato en el cargo. Dado que Alemania era una recién llegada a la colonización, se produjeron en varias ocasiones conflictos con las potencias coloniales establecidas. Insurrecciones indígenas en los territorios alemanes se convirtieron en material de impresión eventual, especialmente en el Reino Unido; los poderes establecidos se habían ocupado de sus levantamientos décadas antes, a menudo brutalmente, y habían instalado controles de empresas para ese entonces. El Levantamiento de los bóxers en China, con el patrocinio más tarde de las autoridades chinas, tuvo su inicio en la provincia de Shandong, en parte porque Alemania, como colonizadora en Kiautschou, fue la única potencia que no había probado su poder y que solo estuvo dos años en escena. Cuando Guillermo II habló durante la ceremonia de partida para los contingentes alemanes de las fuerzas de liberación de ocho países internacionales en China, una improvisada, pero inoportuna referencia a los invasores hunos de la Europa continental, fue después resucitada por la propaganda británica para burlarse de Alemania durante la primera y segunda guerras mundiales. En dos ocasiones, pareció inevitable un conflicto franco-alemán por el destino de Marruecos.
  
Con la compra de África del Sudoeste, los colonos alemanes se animaron a cultivar la tierra en poder de los hereros y los namas. Las tierras tribales de los hereros y namas fueron utilizadas para diversas explotaciones (como los británicos habían hecho antes en Rodesia), incluyendo la agricultura, la ganadería y la minería de minerales y diamantes. En 1904 los hereros y namas se rebelaron contra los colonizadores en el suroeste de África, matando a familias campesinas, trabajadores y funcionarios. En respuesta a los ataques, se enviaron tropas alemanas para sofocar la rebelión que luego dio lugar a un genocidio de hereros y namas. En total, unos 65.000 hereros (el 80% del total de la población herera) y 10.000 namas (el 50% del total de la población nama) fueron aniquilados. El comandante de la expedición punitiva, el general Lothar von Trotha, fue relevado al momento y reprendido por las crueldades cometidas. Estos hechos han sido calificados a veces como "el primer genocidio del siglo XX" y condenados oficialmente por las Naciones Unidas en 1985. En 2004, tuvo lugar una disculpa formal por parte de un ministro del gobierno de la República Federal Alemana.

Oriente Medio
Con el respaldo financiero del Deutsche Bank, el ferrocarril de Bagdad se construyó en colaboración con el Imperio otomano con la intención de afianzarse en el Oriente Medio. En una entrevista con Guillermo II en 1899, Cecil Rhodes había intentado convencer al Káiser de que el futuro del Imperio alemán en el extranjero residía en el Oriente Medio y no en África. La construcción del ferrocarril de Bagdad desde 1900 hasta 1911 fue apoyada inicialmente por el Reino Unido. Sin embargo, con el paso del tiempo, los británicos vieron cada vez más a Alemania como un competidor vigoroso en la región que creían que sólo ellos debían dominar y exigieron reducciones de personal, a una cuadra a la expansión del ferrocarril en 1911, lo que se allanó a la demanda por parte de Alemania y del Imperio otomano.
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Europa del este
Las actitudes alemanas y la falta de atención prestada a los tratados diseñados por Bismarck, así como el apoyo de Alemania a su aliada Austria-Hungría en la ocupación de Bosnia y Herzegovina en 1908, hicieron que las relaciones diplomáticas se deteriorasen con la Rusia imperial y se disipara una posible alianza con el Reino Unido. En 1914, la errática política exterior dejó a Alemania aislada y sólo con Austria-Hungría como verdadera aliada. El Reino de Italia siguió siendo un aliado sólo pro forma, y éste vio más beneficio en entrar en alianzas finalmente adquirir el territorio, en gran parte de habla alemana, del sur del Tirol de Austria-Hungría en un futuro conflicto, lo que realmente ocurrió.

FINAL DEL IMPERIO - PRIMERA GUERRA MUNDIAL



ras el asesinato del archiduque austrohúngaro de Austria-Este, Francisco Fernando de Austria por el serbio de Bosnia, Gavrilo Princip, el Káiser Guillermo II ofreció al emperador austrohúngaro, Francisco José I, apoyo completo para los planes de Austria-Hungría de invadir el Reino de Serbia, que fue la nación a la que Austria-Hungría culpó del asesinato. Este apoyo incondicional de Austria-Hungría fue llamado "cheque en blanco" por los historiadores. La interpretación posterior, por ejemplo en la Conferencia de Paz de Versalles, era que este "cheque en blanco" dio un permiso de agresión austrohúngara, independientemente de las consecuencias diplomáticas, por lo que Alemania era responsable del inicio de la guerra, o al menos de provocar un conflicto más amplio.


File:War Ensign of Germany 1903-1918.svg

Alemania comenzó la guerra afectando a su principal rival, Francia. Alemania vio Francia como su principal peligro en el continente europeo, ya que se podría movilizar mucho más rápido que Rusia y núcleo industrial de la rodeada Alemania, en Renania. A diferencia del Reino Unido y Rusia, los franceses estaban involucrados principalmente en la guerra de venganza contra Alemania, en particular, por la pérdida de Francia de Alsacia-Lorena, que fue dada a Alemania en 1871. El alto mando alemán sabía que Francia reuniría sus fuerzas para entrar en Alsacia-Lorena. Alemania no quería arriesgarse a largas batallas a lo largo de la frontera con Francia y en su lugar adoptó el Plan Schlieffen, una estrategia militar encaminada a paralizar Francia con la invasión de Bélgica y Luxemburgo, encaminando las tropas hacia París y cercar y aplastar a las fuerzas francesas a lo largo de la frontera franco-alemana, en una victoria rápida. Después de derrotar a Francia, Alemania haría un ataque contra Rusia. El plan requirió la violación de la neutralidad oficial de Luxemburgo y Bélgica. Al principio, el ataque fue un éxito: el ejército alemán arrasó desde Bélgica y Luxemburgo, y estaban casi en París, en el cercano río Marne. Sin embargo el ejército francés puso una fuerte resistencia para defender su capital en la Batalla del Marne que hizo que el ejército alemán se retirase.

Las secuelas de la Batalla del Marne fue un punto muerto desde hacía mucho tiempo entre el ejército alemán y los aliados, con el uso de las trincheras en la guerra. Otros intentos de romper más en Francia fracasaron en las dos batallas en Ypres con enormes bajas. El jefe del estado mayor alemán, Erich von Falkenhayn, decidió romper con el Plan Schlieffen y se centró en una guerra de desgaste contra Francia. Falkenhayn dirigió las tropas a la antigua ciudad de Verdún, porque Verdún había sido una de las últimas ciudades de resistir contra el ejército alemán en 1870, y Falkenhayn sabía que por cuestión de orgullo nacional, los franceses harían cualquier cosa para asegurarse de que no se perdiese Verdún. Falkenhayn previó que, con tácticas adecuadas, las bajas francesas serían mayores que las de los alemanes y que el compromiso continuo de las tropas francesas de Verdún haría que el ejército francés "sangrase en blanco" y para luego permitir que el ejército alemán entrase en Francia con facilidad. En 1916, la Batalla de Verdún comenzó, con las posiciones francesas en Verdún bajo constante bombardeo y ataques con gas venenoso y teniendo grandes bajas en el ataque de las fuerzas alemanas en una abrumadora cantidad. Sin embargo Falkenhayn falló en la predicción de una mayor proporción de franceses muertos, que resultó ser errónea. Con la sustitución Falkenhayn por Erich Ludendorff y ningún éxito en la Batalla de Verdún, el ejército alemán se retiró en diciembre de 1916.
 
Mientras el frente occidental era un callejón sin salida para el ejército alemán, el frente del este demostró ser un gran éxito. Estaba mal organizado y el suministro del ejército ruso falló, lo que hizo que los ejércitos austro-húngaro y alemán avanzasen firmemente hacia el este. Los alemanes se beneficiaron de la inestabilidad política en Rusia y el deseo de poner fin a la guerra. En 1916, el gobierno alemán permitió al líder bolchevique de la Rusia comunista, Vladimir Lenin, viajar a través de Alemania desde Suiza a Rusia. Alemania creyó que si Lenin podría crear más inestabilidad política, Rusia ya no sería capaz de continuar su guerra con Alemania, permitiendo que el ejército alemán se concentrarse totalmente en el frente occidental.

En 1917, el zar fue derrocado del trono en Rusia y más tarde un gobierno bolchevique fue creado bajo la dirección de Lenin. Frente a la oposición política a los bolcheviques, Lenin decidió poner fin a la campaña de Rusia contra Alemania, Austria-Hungría, el Imperio otomano, y el Reino de Bulgaria con el fin de reorientar su energía a la eliminación de la disidencia interna. En 1918, en el Tratado de Brest-Litovsk, el gobierno bolchevique dio a Alemania y a el Imperio otomano un arreglo territorial enorme a cambio de poner fin a la guerra en el frente oriental. Este acuerdo incluyó todas las naciones bálticas de hoy en día (Estonia, Letonia y Lituania) que fueron entregadas a la autoridad de ocupación alemana, también se les dio Ober-Ost, Bielorrusia y Ucrania. Como resultado, Alemania había logrado al fin la tierra que quiso a lo largo de mucho tiempo, la "Mitteleuropa", y ahora podía centrarse plenamente en la destrucción de los aliados en el frente occidental.

En el ámbito colonial, los resultados alemanes fueron mixtos. Gran parte de las colonias de Alemania fueron reducidas por los ejércitos británicos y franceses, sin embargo, en el África Oriental Alemana, una impresionante campaña fue emprendida por el líder del ejército colonial allí, el general Paul von Lettow-Vorbeck, que se mantendría largo tiempo respetado como un comandante militar, y después por los nativos Askaris, a quienes gobernó. Lettow-Vorbeck utilizó ataques de guerrilla contra las fuerzas británicas en Kenia y Rodesia, así como invasores portugueses de Mozambique para dar a sus fuerzas nuevos suministros y para recoger a más reclutas Askaris. A su regreso a Alemania, en marzo de 1919, Lettow-Vorbeck condujo a sus soldados repatriados a través de la decorada Puerta de Brandeburgo en Berlín, dando a la nación derrotada su único desfile de la victoria.

fronteras inpuestas por Alemania a los rusos
A pesar del éxito en el frente oriental en 1918, Alemania no estaba haciendo progresos en el frente occidental por tres razones. El agotamiento fue la primera causa, los soldados alemanes habían estado en el campo de batalla constantemente, sin alivio y, después de no romper los ejércitos británico y francés en ofensivas en marzo y abril de 1918 a pesar de la transferencia de un gran número de tropas del Frente Oriental, había perdido la esperanza en la posibilidad de una victoria. El segundo motivo fue a causa de los disturbios civiles en la guerra. El concepto de "guerra total" en la Primera Guerra Mundial, significaba que el suministro tuvo que ser reorientado hacia las fuerzas armadas y, con el comercio alemán detenido por el bloqueo naval británico, los civiles alemanes fueron obligados a vivir en condiciones cada vez más precarias. Los precios de los alimentos fueron limitados primero, y luego se introdujo el racionamiento. El invierno de 1916-1917 se llamó: "invierno del nabo". Durante la guerra, unos 750.000 civiles alemanes murieron a causa de la desnutrición.17 Muchos alemanes querían poner fin a la guerra y un creciente número de alemanes comenzó a asociarse con la izquierda política, como el Partido Socialdemócrata y el más radical Partido Socialdemócrata Independiente que exigió un fin a la guerra. La tercera razón fue la entrada de los Estados Unidos en la guerra. Con un ataque por sorpresa de un submarino alemán en contra del transatlántico RMS Lusitania en 1915 que transportaba civiles estadounidenses (aunque los alemanes sospechaban que llevaba suministros al Reino Unido, que en los tiempos modernos se ha demostrado ser cierto)18 19 y la posterior declaración de guerra submarina sin restricciones de Alemania contra el Reino Unido en 1917, provocó que el sentimiento público estadounidense pasase de la neutralidad al intervencionismo. La entrada de Estados Unidos en la guerra inclinó más la balanza a favor de los aliados, resultando devastadora para las fuerzas alemanas.

En noviembre de 1918, con la revolución interna, una guerra estancada, Austria-Hungría cayendo a pedazos desde múltiples tensiones étnicas, y la presión del alto mando alemán, el emperador Guillermo II, quien era por entonces una "sombra", abdicó, junto con el jefe del alto mando alemán, dejando la situación desastrosa para el nuevo gobierno liderado por los socialdemócratas alemanes, quienes pidieron y se les concedió un armisticio el 11 de noviembre de 1918 y marcó el final de la Primera Guerra Mundial y del Imperio alemán. Éste fue seguido por la democracia, y por la inestabilizada, República de Weimar.


LOS 3 KAISERS ALEMANES
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Kiaser Guillermo I

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Guillermo II
Federico III

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